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OBESIDAD
Y ACTIVIDAD FÍSICA
por
MARCELA VAISBERG
Se
define a la Obesidad como una enfermedad crónica y recidivante,
en la cual el peso corporal total se ve aumentado a expensas del
aumento del tejido adiposo subcutáneo. En términos
generales, un paciente es obeso cuando su peso corporal supera en
más del 20% el esperado acorde a su talla, edad, contextura
física y sexo.
Se
la considera una enfermedad crónica debido a que no es posible
su cura definitiva; aquel obeso que descendió de peso no
puede decir nunca que no los volverá a recuperar jamás.
El término recidivante hace referencia a que es una enfermedad
que siempre vuelve. Queda claro que ningún paciente obeso
soluciona su problema definitivamente, a pesar de poder descender
de peso y establecerse en el peso ideal o posible, siempre será
potencialmente obeso.
Esto
se debe a que en un principio el excedente calórico, el cual
se almacena en forma de lípidos en las células del
tejido adiposo (adipositos), provoca un agrandamiento de la célula
adiposa, denominado hipertrofia. Cuando la hipertrofia llega a un
punto crítico, el adiposito se divide en dos células,
proceso que lleva el nombre de hiperplasia, de modo tal que se encuentran
nuevas células formando parte del tejido adiposo con capacidad
de hipertrofiarse primero y dividirse después, produciendo
un aumento gradual del tejido adiposo corporal total.
Cuando
el obeso desciende de peso, disminuye la hipertrofia de cada uno
de los adipositos, pero en ningún momento el número
de células existente disminuye, por lo cual, el tejido adiposo
al poseer la misma cantidad de células con capacidad de hipertrofia,
está ávido por llenarlas nuevamente de lípidos.
Cuando el paciente transgrede el plan alimentario numerosos adipositos
están listos para la hipertrofia, lo que produce una veloz
recuperación del tejido adiposo antes perdido.
Las
causas fundamentales que influyen en el desarrollo de la obesidad
son: El aumento del consumo de alimentos con un alto porcentaje
calórico que conlleva a una ingesta total diaria que excede
lo requerido por el organismo. El sedentarismo como estilo de vida.
Factores predisponentes (genéticos).
La
distribución de la grasa es un punto que debe tenerse en
cuenta, ya que no todos los tipos de obesidad acarrean el mismo
riesgo cardiovascular. Según la distribución del tejido
adiposo, algunas obesidades son de alto riesgo, mientras que otras
no parecen ser tan peligrosas para las arterias.
Obesidad
androide o central
Se la define como la que posee un exceso de adiposidad subcutánea
en la región troncoabdominal. Es la obesidad que más
riesgos a la salud acarrea, debido a que también se produce
acumulación de tejido adiposo a nivel visceral. Es la obesidad
característica del sexo masculino; esto se debe al tipo de
hormonas, específicamente la testosterona, que posee el hombre.
No obstante muchas mujeres poseen la distribución adiposa
mencionada.
Obesidad
femoroglútea
El exceso de tejido adiposo subcutáneo se localizada a nivel
de caderas y muslos. Es la obesidad que menos riesgos a la salud
acarrea, debido a que no hay compromiso visceral. Es simplemente
una obesidad estética. Es característica en el sexo
femenino por predominio de otras hormonas como el estrógeno.
No obstante muchos hombres poseen la distribución adiposa
mencionada.
Al
hablar de la clínica de la obesidad, es indiscutible la influencia
que esta tiene sobre la salud y la expectativa de vida de un individuo.
Los diferentes estudios realizados en este aspecto muestran claramente
cómo la morbimortalidad es significativamente mayor en pacientes
obesos que en personas con peso adecuado. En el paciente obeso el
control de la ingesta calórica y la prescripción de
actividad física son elementos fundamentales tanto en aspectos
preventivos como terapéuticos.
Para
prevenir o revertir la obesidad se deben tomar en cuenta los hábitos
y costumbres del pacientes; fundamentalmente, el tipo de alimentación
que mantiene y la actividad física que realiza y con que
frecuencia.
A
la hora de iniciar un plan de alimentación adecuado para
el descenso de peso, es importante que el paciente entienda que
ese plan debe ser administrado y controlado por un profesional de
la salud idóneo en el tema como ser el Nutricionista. Las
dietas recomendadas por parientes, amigos, vecinos o que salen publicadas
en las revistas de moda, no representan una solución confiable
y saludable al problema.
Los
planes de alimentación que manejan los nutricionistas para
el descenso de peso se denominan dietas hipocalóricas, esto
quiere decir, que la ingesta diaria de alimentos será inferior
a lo necesario por el organismo; esto obliga al cuerpo a quitar
sustratos energéticos almacenados en el organismo para cubrir
el déficit. Los lípidos almacenados en los adipositos
constituyen uno de los sustratos utilizados por el cuerpo para producir
energía, cuando el paciente se encuentra bajo un plan de
alimentación hipocalórico.
Pero
la dieta hipocalórica también provocará una
pérdida de masa magra, específicamente masa muscular.
Para evitar una pérdida significativa, es importante realizar
sistemáticamente una actividad física programada y
controlada.
El
tipo de actividad física se administrará según
el grado de sobrepeso y limitaciones musculoesqueléticas
que padezca la persona. Si se habla de un exceso de peso moderado
y sin ninguna limitación física de otro tipo, entonces
se programará un entrenamiento en la sala de musculación
destinado al desarrollo de la masa muscular y luego, al término
de este, un entrenamiento aeróbico de larga duración.
Llevado
a la práctica, se resume a un entrenamiento de hipertrofia
en la sala de musculación y luego del mismo un mínimo
de 30 minutos en la cinta o bicicleta. La frecuencia e intensidad
de entrenamiento aumentará conforme el alumno se adapte;
comenzará con una frecuencia de entrenamiento de 3 veces
por semana para llevarla progresivamente a 5 días.
El
entrenamiento total diario provoca un gasto calórico extra,
el cual deberá ser amortiguado por el organismo utilizando
las reservas como fuente de energía. Específicamente
el entrenamiento de hipertrofia provoca una utilización de
los lípidos provenientes del tejido adiposo como fuente de
energía cuando la persona se encuentra en reposo. El trabajo
aeróbico de baja intensidad y larga duración, como
es el caso de una caminata en la cinta o andar en bicicleta, provoca
un gasto de energía proveniente de la utilización
de lípidos durante la realización del trabajo.
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