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La
peligrosa caricia del sol
Además de producir arrugas y manchas, la exposición excesiva
a las radiaciones ultravioletas provenientes del sol es un importante
factor de riesgo de cáncer dermatológico. Los especialistas
aconsejan tomar una serie de precauciones.
La radiación solar a la que está expuesto naturalmente el
ser humano, y en especial la que ocupa la parte ultravioleta del espectro
de la luz, tiene un efecto carcinogénico o neoplásico sobre
la piel. En otras palabras, la exposición inadecuada al sol puede
dar lugar a la aparición de lesiones tumorales.
Existen varios tipos de radiaciones ultravioletas: los rayos A y los rayos
B. "Históricamente, se pensaba que los rayos B eran los más
perniciosos porque tenían un mayor poder oncogénico (de
creación de tumores) a largo plazo, y porque además producían
un fotoenvejecimiento que se manifiesta a través de arrugas y manchas
en la piel. Hoy día se ha demostrado que los rayos A tienen un
efecto pernicioso similar en la piel."
"Es muy importante que las personas entiendan que el efecto de las
radiaciones ultravioletas sobre la piel es acumulativo, a lo largo de
los años se van produciendo modificaciones que se acumulan y se
combinan con otros factores que colaboran con la aparición de los
tumores de piel.
De melanomas
Las lesiones dermatológicas malignas que puede ocasionar la exposición
inadecuada a los rayos ultravioletas se agrupan en tres grupos: los carcinomas
basocelulares, los carcinomas espinocelulares y los melanomas.
"Los primeros son las lesiones más frecuentes de tipo neoplásico
que suelen aparecer en la piel; es decir, de carácter maligno.
Generalmente, aparecen en las zonas más expuestas del cuerpo que
están sometidas a la acción de las radiaciones ultravioletas
durante todo el año: la cara, los pabellones de las orejas, las
manos y el cuello. Estas lesiones tienen distintas formas de presentación
clínica, pero en general comienzan con una lesión que la
precede llamada queratosis solar, que no es más que una pequeña
escama, a veces de color rojizo, que el paciente suele sacarse con la
uña y que vuelve a crecer".
"En cuanto al epitelioma o carcinoma espinocelular, este tipo de
lesión es la tercera en orden de frecuencia, pero la más
infiltrante: tiene mayor grado de agresividad o de malignidad que el carcinoma
basocelular, y suele dar metástasis; es decir, extenderse hacia
otros tejidos adyacentes.
Por último, la lesión neoplásica dermatológica,
puede originarse sin ninguna lesión previa o puede originarse sobre
una lesión preexistente, que generalmente es un lunar de ciertas
características particulares.
A través de distintas campañas de prevención, los
especialistas de la Sociedad Argentina de Dermatología recomiendan
realizar periódicamente un autoexamen de la piel delante de un
espejo (para poder ver regiones del cuerpo de difícil acceso visual,
como la espalda) para detectar aquellos lunares que puedan representar
un peligro de melanoma. Las características a las que hay estar
atento son:
A) asimetría: cuando, al trazar una línea por el medio del
lunar, a ambos lados quedan partes desiguales.
B) bordes: que sean irregulares o difusos es un mal signo.
C) color: cuando se superponen distintos colores y tonalidades en la superficie
del lunar.
D) diámetro: los lunares que tienen un diámetro mayor a
0,5 milímetros presentan mayor posibilidad de transformación
maligna.
Se aconseja consultar al dermatólogo cuando la persona al autoexaminarse
encuentra un lunar con alguna de estas características.
"Hay que recordar que los tres tipos de cáncer dermatológicos
son absolutamente curables si se los diagnostica temprano"
Una exposición adecuada
Para evitar los riesgos oncológicos que implica una exposición
inadecuada a la radiación ultravioleta, la Sociedad Argentina de
Dermatología aconseja lo siguiente:
La exposición al sol de los chicos menores de seis meses está
absolutamente contraindicada. "Esto se debe a que el niño
no puede usar todavía fotoprotectores porque su piel no está
preparada para ello y pueden resultarles tóxicos".
En cuanto al período que va de los 6 meses de edad a los cuatro
años, es un período crítico que requiere el máximo
cuidado de la piel. "Este es un momento clave porque es el lapso
en el cual las grandes quemaduras pueden tener muchos años después
un efecto muy importante desde el punto de vista de la generación
de tumores malignos."
A la hora de exponerse al sol y elegir para un fotoprotector, es importante
tomar en cuenta el tipo de piel que uno posee. "Los seres humanos
tenemos un filtro solar natural: los melanocitos, unas células
que están en la superficie de la piel, producen una sustancia protectora
llamada melanina. Quienes tienen una piel muy blanca tienen una más
reducida producción de melanina, y por ello deben cuidarse más
de las
radiaciones ultravioletas".
"Las precauciones fundamentales y universales son: evitar en verano
la exposición entre las 11 y las 15 horas; fuera de ese horario
usar fotoprotectores adecuados; estos deben ser aplicados sobre la piel
media hora antes de la exposición solar y deben ser vueltos a aplicar
cada dos horas; es importante que el fotoprotector sea efectivo ante el
amplio espectro de radiaciones ultravioletas; debe tenerse especial cuidado
durante el embarazo ya que suelen modificarse y exacerbarse lesiones preexistentes".
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