El ejercicio físico reduce el colesterol 'malo' aunque no haya pérdida de peso

Primero fueron los beneficios para el corazón, posteriormente para la circulación y contra la obesidad, la hipertensión, los problemas de artritis, la osteoporosis.... A juzgar por los resultados de numerosos estudios, el ejercicio físico es un seguro para tener una 'salud de hierro'. Ahora, un nuevo trabajo científico añade que la actividad física, además, permite reducir los niveles de colesterol. Se trata del primero que demuestra que estas ventajas se obtienen incluso cuando el ejercicio no logra hacernos adelgazar.

Incluso sin perder peso

En el caso de las personas que hacen poco ejercicio (el equivalente a correr unos 20 kilómetros semanales) los beneficios de la actividad son independientes de la intensidad con que se haga (daría lo mismo recorrer esa distancia en 10 minutos que en 20) y, en cualquier caso, algo de ejercicio siempre es mejor que nada. Sin embargo, aclaran que un ejercicio de mayor intensidad repercute en mayores ventajas para la reducción del colesterol.

El colesterol se adhiere a la superficie de la proteínas para poder circular en la sangre humana y nutrir los tejidos. Las nuevas partículas que nacen de la unión del colesterol y de la proteína son las llamadas lipoproteínas, cuando en el organismo humano hay un exceso de lipoproteínas existe un riesgo creciente de padecer enfermedades coronarias y ateroesclerosis.

El colesterol que se 'mueve' en la sangre a través de partículas más pequeñas y densas causa más enfermedades cardiovasculares que el colesterol desplazado en partículas más grandes. El ejercicio aumenta el número y tamaño de las partículas que 'transportan' el colesterol a través del fluido sanguíneo; de manera que, añaden “cualquier ejercicio es mejor que nada”.

Debido a los efectos del ejercicio en el tamaño de las mencionadas partículas, la inactividad se sitúa por detrás del tabaquismo como principal factor de riesgo cardiovascular. Por ello, recomienda que los médicos pongan el énfasis no tanto en que los pacientes pierdan peso como en que hagan ejercicio para reducir sus riesgos.

Este es el primer trabajo que destaca que se pueden obtener beneficios del ejercicio en la reducción del colesterol y las grasas independientemente de que se logre o no perder peso. La actividad física logra una respuesta gradual en una serie de variables que favorecen la reducción de lípidos: los indicadores 'buenos' mejoran con el deporte y los 'malos' tienden a desaparecer.