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DESARROLLO
DE LA FUERZA MUSCULAR
Por
Marcela Vaisberg
La
fuerza es una de las denominadas capacidades físicas básicas
y se define como la capacidad de generar tensión intramuscular
frente a una resistencia, independientemente de que se genere o
no movimiento. Su entrenamiento periódico y sistemático
permite obtener diversos beneficios físicos, tales como,
agrandamiento muscular (hipertrofia); aumento del consumo energético
cuando no se realiza actividad física, lo que facilita la
reducción de grasa corporal; mejora del aspecto físico
y aumento del autoestima; incremento del contenido mineral del hueso
haciéndolo más fuerte y resistente; aumento de la
fuerza de las estructuras no contráctiles como tendones y
ligamentos; ayuda a prevenir malos hábitos posturales; posibilita
importantes adaptaciones neuromusculares; mejora el rendimiento
deportivo y es componente esencial de cualquier programa de rehabilitación.
Es
importante tener en cuenta que la fuerza de cada individuo está
condicionada por un conjunto de factores diversos, conocerlos y
tenerlos en cuenta ayuda a comprender mejor el entrenamiento de
la fuerza y ofrece la posibilidad de poder explicar por que en ocasiones
somos capaces de generar mayor o menor fuerza.
Los
factores biomecánicos que condicionan el desarrollo de la
fuerza son de tipo genéticos o de constitución, por
ejemplo, la longitud de los huesos, los ángulos de inserción
del músculo y otros. Si se piensa en la articulación
del codo como en un sistema de palancas, se verá que el músculo
bíceps produce la flexión de esta articulación.
La posición de inserción del bíceps en el antebrazo
determinará en gran medida cuánta fuerza es capaz
de generar. Si hay 2 atletas, A y B, y A tiene una inserción
del bíceps más próxima a la articulación
del codo que B, A tendrá que producir un mayor esfuerzo con
el bíceps para mantener el peso en un ángulo recto
porque la longitud del brazo que realiza el esfuerzo será
mayor que la de B.
Son
muchos los factores fisiológicos que influyen en la capacidad
de contracción del músculo y por ende en el desarrollo
de la fuerza. La eficiencia neuromuscular, la longitud del músculo
y el tono muscular son algunos de ellos.
Las
fibras musculares junto con las terminaciones nerviosas que las
estimulan forman las denominadas unidades motoras. Por esta razón
la fuerza de contracción depende del número de unidades
motoras activadas. Cuanto mayor sea el número de unidades
motoras que intervienen, mayor será la activación
de fibras musculares y en consecuencia mayor será la fuerza
de contracción. Las ganancias de fuerza son el resultado
de la movilización de unidades motoras adicionales para actuar
sincrónicamente, facilitando la contracción e incrementando
la capacidad del músculo para generar fuerza. Tal es así
que los aumentos iniciales de fuerza durante las 8 a 10 primeras
semanas de un programa de entrenamiento con pesas pueden atribuirse
principalmente al aumento de la eficiencia neuromuscular. Por lo
tanto, es importante entender que las adaptaciones nerviosas acompañan
siempre a las ganancias en fuerza que resultan del entrenamiento
con pesas.
También
la longitud del músculo influye en la capacidad de contracción
de la musculatura. El músculo se halla en condiciones de
realizar mayor fuerza si en el momento previo a la contracción
muscular se encuentra ligeramente estirado.
El
tono muscular, definido como el grado de tensión intramuscular
que determinado músculo presenta en condiciones de reposo,
también es un condicionante de la capacidad de contracción
muscular ya que las posibilidades de desarrollar tensión
disminuyen ante grados elevados de tono muscular.
Hay
otros factores que influyen en el desarrollo de la fuerza, tales
como, la edad y el sexo. Tanto hombres como mujeres parecen tener
la capacidad para aumentar su fuerza durante la pubertad y la adolescencia,
alcanzando un nivel máximo entre los 20 y los 25 años,
momento en el cual esta capacidad se estabiliza y en algunos casos
comienza a declinar. A partir de los 25 años una persona
pierde en torno al 1% de su fuerza máxima restante cada año.
Por lo tanto, a los 65 años una persona sólo tendrá
aproximadamente el 60% de la fuerza que tenía a los 25 años.
Esta pérdida de fuerza muscular está sin lugar a dudas
relacionada con los niveles individuales de capacidad física.
Las personas más activas o quizá las que siguen realizando
un entrenamiento de fuerza tienen una tendencia mucho menor a perder
fuerza muscular.
Por
razones estructurales y hormonales los hombres consiguen generalmente
mayores niveles de fuerza absoluta que las mujeres. Hasta los 11
o 12 años la fuerza se desarrolla de forma paralela con independencia
del sexo; por tanto, es prácticamente idéntica entre
niños y niñas. A partir de esta edad el desarrollo
de la fuerza en los chicos es muy acentuado y termina hacia los
18 o 20 años de edad, 2 o 3 años más tarde
con respecto de las chicas, que muestran una estabilización
o incluso un ligero retroceso. La diferencia de fuerza en ambos
sexos es del 35 al 40%.
La
mujer no acumula una masa muscular significativa por medio del entrenamiento
con pesas. La hipertrofia muscular significativa depende de la presencia
de una hormona esteroidea conocida como testosterona. La testosterona
es esencialmente una hormona masculina, aunque algunas mujeres poseen
un nivel mayor en su organismo. Las mujeres con niveles de esta
hormona más elevados tienden a tener unas características
más masculinas, como un incremento del vello facial y corporal,
una voz más profunda y el potencial para desarrollar una
mayor masa muscular. Las mujeres y los hombres ven aumentos de fuerza
extraordinariamente rápidos en el inicio de un programa de
entrenamiento con pesas. En la mujer, estos tremendos aumentos iniciales,
que pueden atribuirse a la mejora de la eficiencia del sistema neuromuscular,
tienden a alcanzar una meseta, y durante el resto de un programa
de entrenamiento de fuerza se observa un incremento mínimo
de la fuerza muscular. Estos aumentos iniciales de fuerza neuromuscular
también se aprecian en el hombre, aunque su fuerza sigue
aumentando con un entrenamiento apropiado. Una vez más, las
mujeres que poseen niveles de testosterona más elevados tienen
el potencial para aumentar su fuerza hasta niveles más altos
a causa del desarrollo de una mayor masa muscular.
La
fuerza se puede clasificarse en cinco tipos diferentes: fuerza resistencia,
fuerza potencia, fuerza con hipertrofia, fuerza sin hipertrofia
y fuerza máxima. La fuerza resistencia es la capacidad para
realizar contracciones musculares repetitivas contra una carga durante
un período de tiempo prolongado. Se manejan más de
10 repeticiones a una intensidad del 50% de la carga máxima.
Si la mayor carga que un individuo puede manejar para realizar una
sola repetición es de 100Kg, estará entrenando la
fuerza resistencia al realizar más de 10 repeticiones con
50Kg.
La
fuerza potencia es la capacidad de crear tensión intramuscular
en el menor tiempo posible. Es el producto de la fuerza y de la
velocidad del movimiento. Para su entrenamiento se manejan 10 repeticiones
a una intensidad del 70% de la carga máxima. Si la mayor
carga que un individuo puede manejar para realizar una sola repetición
es de 100Kg, estará entrenando la fuerza potencia al realizar
10 repeticiones con 70Kg en el menor tiempo posible. La mayoría
de los movimientos en el deporte son explosivos y deben incluir
elementos de fuerza y velocidad si han de resultar eficaces. Sin
la capacidad para generar potencia, un atleta verá limitadas
sus capacidades de rendimiento. La fuerza potencia es el componente
clave para la mayoría de los rendimientos deportivos.
El
entrenamiento de la fuerza con hipertrofia se lleva a cabo al realizar
de 4 a 8 repeticiones con el 85% de la carga máxima. Si la
mayor carga que un individuo puede manejar para realizar una sola
repetición es de 100Kg, estará entrenando la fuerza
con hipertrofia al realizar de 4 a 8 repeticiones con 85Kg. El entrenamiento
de este tipo de fuerza tiene como objetivo la hipertrofia muscular,
o sea, un incremento en el tamaño del músculo como
consecuencia de verdaderos cambios estructurales en él.
¿Qué
causa la hipertrofia del músculo? Las fibras o células
musculares están compuestas principalmente por pequeños
filamentos proteicos, los cuales son parte responsable de la contracción
muscular. Estos filamentos llevan el nombre de Actina y Miosina.
El tamaño y número de estos filamentos aumentan como
resultado del entrenamiento de la fuerza con hipertrofia, haciendo
que aumente el diámetro transversal de cada una de las fibras
que componen el músculo, generando así un aumento
en el tamaño del vientre muscular. Por otro lado, manejar
en el entrenamiento una intensidad del 85% permite utilizar, para
la contracción muscular, a la glucosa como combustible. Esta
glucosa se obtiene a través de la degradación del
glucógeno que se encuentra almacenado en el músculo.
La deplesión o descenso de los depósitos de glucógeno
muscular como consecuencia del entrenamiento estimula una sobrecompensación
de los mismos durante el descanso muscular y junto a una adecuada
alimentación. La sobrecompensación de los depósitos
de glucógeno muscular que se consigue como consecuencia del
entrenamiento y luego de un período largo de tiempo, también
influye en el aumento del tamaño de la fibra muscular y por
ende del tamaño muscular. Pruebas de laboratorio con animales
muestran un aumento del tamaño del músculo como consecuencia
de un aumento en el número de células musculares (hiperplasia).
No obstante, estas investigaciones se han llevado a cabo con animales
y no puede generalizarse a los seres humanos. Por regla general,
se acepta que el número de fibras viene determinado genéticamente
y que éste número permanece invariable a lo largo
de la vida. En conclusión, hasta el momento no se puede sumar
a la hiperplasia como causa del incremento del tamaño muscular.
El
entrenamiento de la fuerza sin hipertrofia se lleva a cabo al realizar
2 o 3 repeticiones con el 90% - 95% de la carga máxima. Si
la mayor carga que un individuo puede manejar para realizar una
sola repetición es de 100Kg, estará entrenando la
fuerza sin hipertrofia al realizar 2 o 3 repeticiones con 90-95Kg.
A través de estos porcentajes de intensidad se busca un aumento
en la fuerza muscular sin un agrandamiento muscular que la acompañe.
Otro modo de buscar un aumento de fuerza sin un aumento del tamaño
muscular, es a través del entrenamiento de la fuerza máxima.
Se entiende por fuerza máxima, al máximo peso que
un individuo puede levantar realizando una sola repetición
o movimiento, independientemente del tiempo utilizado. Es decir,
1 repetición con el100% de la carga.
Cuando
se reduce la intensidad, el volumen de entrenamiento debe aumentarse
para lograr la adaptación. El entrenamiento a intensidades
muy elevadas requiere sustancialmente menos volumen de entrenamiento,
pero las adaptaciones que tienen lugar serán significativamente
distintas a las logradas con el entrenamiento de baja intensidad
y de elevado volumen.
Para
maximizar los beneficios del entrenamiento de la fuerza, el estímulo
del entrenamiento debe incrementarse progresivamente conforme el
cuerpo se adapta al estímulo actual. Nuestro cuerpo responde
al entrenamiento adaptándose a la tensión del estímulo
del entrenamiento. Si la cantidad de estrés permanece constante,
acabaremos adaptándonos totalmente a este nivel de estimulación
y nuestro cuerpo no necesitará otra adaptación. El
único modo de continuar mejorando con el entrenamiento es
incrementar progresivamente el estímulo o estrés del
entrenamiento. En otras palabras, para aumentar la fuerza de un
músculo, hay que obligarle a que trabaje a un nivel más
alto al que está acostumbrado. Hay que sobrecargar el músculo.
Sin sobrecarga, el músculo será capaz de mantener
la fuerza mientras el entrenamiento se efectúe contra una
resistencia a la que el músculo esté acostumbrado.
No obstante, no se logrará ningún aumento de fuerza.
Días y semanas repetidos de esfuerzo máximo mejoran
la fuerza.
Es
importante que los estímulos (entrenamientos) generados sean
regulares en el tiempo. Unos pocos días de reposo o de entrenamiento
reducido no perjudican, incluso mejoran el rendimiento (sobrecompensación),
pero a partir de un cierto momento, la reducción del entrenamiento
o la inactividad absoluta producirá una reducción
en la función y en el rendimiento fisiológico. Si
se utilizan estímulos muy espaciados solo se mantiene lo
conseguido. Pero si no se utilizan pausas, o ellas son insuficientes
el rendimiento disminuye debido al sobreentrenamiento. Cuando esto
ocurre, el estrés del entrenamiento excesivo puede superar
la capacidad del cuerpo para recuperarse y adaptarse, lo cual produce
más catabolismo (destrucción) que anabolismo (síntesis).
Entonces, es importante establecer una correcta correlación
entre los esfuerzos y las pausas del entrenamiento dentro del microciclo
(semana) y dentro del mesociclo (mes) de entrenamiento. Aplicando
correctamente el descanso muscular el rendimiento mejora debido
a que los cambios fisiológicos que permiten la adaptación
ocurren durante el descanso muscular y no durante el entrenamiento.
MARCELA VAISBERG.
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