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DENSIDAD
ÓSEA Y OSTEOPOROSIS
Por
Marcela Vaisberg
La
estructura de los huesos se modifica continuamente a través
de dos procesos:
-
Proceso de "Formación" (formación de hueso
nuevo).
- Proceso de "Resorción" (degradación de
hueso viejo).
De
las interacciones de estos dos procesos resulta la masa ósea,
la cual alcanza su máxima densidad en la tercer década
de vida. Hasta los 30 años, los huesos se forman más
rápido de lo que se degradan; después de los 30 años,
los huesos se degradan más rápido de lo que se forman.
En
una persona sana y durante su juventud, existe un equilibrio entre
la formación y la resorción, por lo cual la estructura
de los huesos se mantiene. Aproximadamente a los 30 años
de vida, una vez que se consigue la masa ósea máxima,
ésta se mantiene durante los próximos 10 a 20 años
pero, a medida que avanza la edad, se va perdiendo por ser mayor
la resorción que la formación. Si bien los huesos
conservan su tamaño original, el hueso compacto se vuelve
más delgado y el esponjoso presenta más agujeros,
con lo cual se debilitan transformándose en más finos
y quebradizos.
La
ingesta de calcio durante las distintas etapas de la vida es fundamental
para lograr en principio la formación y luego el mantenimiento
de la masa ósea. Cobra importancia en los períodos
donde hay un intenso crecimiento y desarrollo como es el caso de
los niños, adolescentes, embarazadas y mujeres que amamantan.
Los adultos y especialmente los ancianos, para evitar el descenso
de calcio, deben mantener el balance en equilibrio para limitar
la pérdida de masa ósea propia del avance de la edad.
Se calcula una pérdida aproximada de un 1 % de la masa ósea
por año, a partir de los 30 años.
El
ejercicio físico incrementa la masa ósea antes que
se produzca su pico máximo y retarda la pérdida de
la misma después de la menopausia. Tanto los huesos como
los músculos se fortalecen con el ejercicio practicado de
manera regular. La inmovilidad favorece la pérdida ósea
debido a la falta de tensión sobre los huesos. Por el contrario,
los huesos se fortalecen cuando los músculos ejercen tracción
sobre ellos. Diversos estudios han demostrado que en general los
y las deportistas poseen una mayor densidad ósea que los
individuos normales sedentarios. También se ha visto que
el ejercicio regular puede reducir la pérdida de tejido óseo
en personas de edad avanzada.
Una
alimentación inadecuada, carente en el consumo de calcio,
hábitos sedentarios, consumo excesivo de café, alcohol
y cigarrillos, la insuficiencia de estrógenos y los antecedentes
familiares, llevan a que muchas mujeres post menopáusicas
padezcan una enfermedad esquelética caracterizada por baja
masa ósea y deterioro de la microestructura del tejido óseo,
que provoca un incremento en la fragilidad de los huesos y la susceptibilidad
a las fracturas; dicha enfermedad se denomina osteoporosis.
La
osteoporosis evoluciona en forma silenciosa y muchas veces se manifiesta
clínicamente con una fractura de antebrazo, columna o cadera.
Los huesos más proclives de sufrir desmineralización
ósea y por consiguiente fracturas son el antebrazo, la columna
y la cadera, ya que en estas regiones es donde se produce la mayor
remodelación ósea.
Una
ingestión adecuada de calcio, hormonas femeninas y el estrés
mecánico del ejercicio físico sobre el esqueleto son
factores importantes en la prevención de esta afección;
combinándolos se puede prevenir y quizá hacer regresar
la pérdida de calcio óseo. El ejercicio físico
produce un estrés mecánico sobre el esqueleto que
permite el mantenimiento de la parte mineral de los huesos. Es necesario
realizar ejercicio físico por lo menos 30 minutos cada día,
ya que con la sola ingestión diaria de calcio con la comida
no basta. La interacción esencial de la mineralización
del esqueleto se consigue con el ejercicio.
A
partir de la menopausia se produce, durante los primeros 5 a 10
años, una pérdida acelerada del hueso del orden del
2 al 3 % por año. Luego esta pérdida se hace más
lenta a razón del 0,25 a 1 %. Luego de los setenta años
de edad, la osteoporosis puede aparecer en ambos sexos, debido a
la pérdida de masa ósea propia de la edad, que se
debe al deterioro del colágeno de la matriz ósea,
trastornos en la regulación del metabolismo óseo,
entre otros factores.
Pero
la osteoporosis no es una enfermedad exclusiva de mujeres post menopáusicas,
en las mujeres deportistas existe una relación razonablemente
fuerte entre una alimentación desordenada, amenorrea secundaria
(ausencia del período menstrual por disminución de
los niveles de estrógenos) y trastornos minerales óseos.
A esto se lo denomina la tríada de la mujer deportista. Esta
tríada comienza con una alimentación desordenada,
carente de calorías y grasas, que provoca una disminución
del peso corporal y por ende del tejido adiposo subcutáneo.
Esta situación, sostenida en el tiempo, provoca una alteración
en la función menstrual, que concluye en un estado de amenorrea
secundaria; esto se debe a que el tejido adiposo tiene la capacidad
de sintetizar estrógenos. Después de un período
de tiempo, la disminución de los estrógenos, que se
manifiesta como amenorrea secundaria, conduce a trastornos minerales
óseos, que llevan a una mayor frecuencia de fracturas por
estrés; esto se debe a que los estrógenos participan
en forma directa en el remodelado óseo y disminuyen la resorción
ósea. Estos hechos se han observado en bailarinas, maratonistas,
corredoras de pista y gimnastas.
Es
importante remarcar que esta situación no se puede revertir
del todo al recuperar la función menstrual normal, es por
ello que es prioritaria la intervención médica para
el control de la alimentación en mujeres deportistas.
La
medición de la densidad mineral ósea permite identificar
pacientes de riesgo antes que se produzca una fractura. Para ello,
en la actualidad, existen métodos no invasivos, permitiendo
diferenciar distintos grados de desmineralización.
La
determinación de la densidad mineral ósea, a través
de la densitometría ósea por absorción atómica,
permite determinar el riesgo de fracturas. Es un estudio muy sensible,
pues puede determinar pérdidas de hasta un 6% de la densidad.
En cambio, una radiografía determina pérdidas a partir
de un 30%, por lo cual no permite hacer un diagnóstico oportuno
de osteoporosis.
MARCELA
VAISBERG
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